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La 48 entrega de los Arieles, fue un emotivo homenaje al sonido, ese protagonista que hace que una película se sienta “viva”.

En la ceremonia se celebró el 75 aniversario del cine sonoro en México, hecho marcado por la película Santa (1931) de Antonio Moreno, la primera con sonido directo, aunque ya que antes existían algunos otros intentos con sonido sincronizado.

Con material fílmico mexicano de todas las épocas, pudimos disfrutar de segmentos dedicados al Sonido de la fe, el Sonido de la violencia, el Sonido de la risa, el Sonido del dinero, entre otros…

Merecido homenaje a los hermanos Rodríguez, creadores de un equipo sincronizador muy práctico, un “equipo de seis kilos” , como se refirió a éste José Romay, hijo de Joselito Rodríguez, en una improvisada y emotiva remembranza de ese momento crucial en la historia del cine nacional.

El Palacio de Bellas Artes, se llenó de los sonidos… de los recuerdos y de la fuerza viva de una industria que pese a todo…sigue “haciendo ruido”.